Que vivimos en un mundo preocupado por la sexualidad es evidente. Entre los preservativos y el aborto, en España no paramos de hablar sobre cuestiones relacionadas sobre la sexualidad, el sexo y su moral.
Pero como decía un amigo extranjero; “aquí se habla mucho sobre sexo pero no se tiene ni idea. Se habla de moral pero no hay una educación sexual correcta”.
Hace años, acompañé a una novia que estudiaba psicología a una clase sobre sexualidad que fue un esperpento. En la clase eran todo chicas jóvenes y una profesora que cada vez que decía “sexo”, “deseo” o algo por el estilo, se ponía a reír nerviosamente y todas las demás la seguían en su risa nerviosa y se miraban cómplices. Siendo una clase exclusivamente de sexualidad nos pasamos las pocas horas mas entre risas tontas que entre frases coherentes. Al salir de clase me fui directo al bar, a tomarme un café; tenía los nervios destrozados.
Con ello quiero decir, que incluso en la universidad el tema del sexo se trata frívolamente porque andamos todavía negando los deseos normales que tenemos todos. Estos deseos no significan que todos andemos satisfaciendo nuestras necesidades sexuales con quien sea como sea, porque muchas veces implicas a otras personas que tienen sus derechos y pueden no querer participar ni activamente ni pasivamente (no tienen porque ver algo que no les apetece, por ejemplo en la calle).
La libertad se gestiona con responsabilidad, sino, no es libertad.
Se podría comparar con la libertad de expresión. En situaciones de falta de libertad de expresión, la gente anda mas tensa, con más necesidades de hablar, reuniéndose clandestinamente,… y apunto de explotar. Cuando se alcanza la libertad de expresión (acotándola a los márgenes de la libertad), ya no hay tanta necesidad, la necesidad esta más normalizada y es mas sana.
